La contaminación se presenta de muchas maneras, pero hay una forma que suele ser pasada por alto y la generan los/as rezongones, los/as quejosos/as y los/as criticones/as.
Alguien escribió, denominando la contaminación como: "el veneno del pesimismo" este crea una atmosfera de negativismo generalizado donde lo único que se enfatiza es el lado malo de las cosas.
Estos párrafos forman parte de la lectura que diariamente hago de un librito devocional anual, llamado "Pan Diario". El caso es que me pareció necesario que juntos/as viviéramos esta vivencia.
"Que el mundo está mal", "Que este gobierno no sirve", "Que fulano es malo" "Que mengano no va a cambiar" y otros tantos lemas que se han adoptado por nosotros, títulos que marcan a las personas, los gobiernos y los países.
¿Qué tanto pesimismo tenemos en la sangre? Hasta dónde se nos ha enseñado que nuestro país no sirve? Que tenemos que negar nuestras raíces, familias, amigos para llegar a ser "gente importante". No, me resisto a creer que la contaminación verbal a la que hemos tenido que someternos por años pueda dañar lo bueno y limpio que aún queda en nosotros /as.
El pesimismo se define como: Disposición a ver siempre el lado más desfavorable de las cosas. Varias palabras son sinónimas de este término, por ejemplo: malísimo, abatimiento, desesperanza, consternación, desilusión, desanimo. No quiero creer que queremos quedarnos varados en todo los antes dicho.
Señores/as, podemos hablar, debemos hacerlo. Ahora bien no podemos solo hablar lo malo de lo que tenemos, es que se necesita más que palabras para terminarlo- la contaminación verbal- se acaba con acciones, acciones positivas, que nos comprometan, que nos obliguen a cambiar de mente, que nos empujen a pensar en que "SI SE PUEDE" cambiar esta realidad en el país y en el mundo.
Lo más importante es que nos pongamos en la brecha de Dios y analicemos si él solo mira lo malo de nosotros. Sé que no, su misericordia nos ha alcanzado desde hace muchos años y nunca nos va a dejar, pese a nuestro pesimismo.
La Biblia dice: Efesios 4: 29
"Ninguna palabra corrompida salga de nuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación".
Alguien escribió, denominando la contaminación como: "el veneno del pesimismo" este crea una atmosfera de negativismo generalizado donde lo único que se enfatiza es el lado malo de las cosas.
Estos párrafos forman parte de la lectura que diariamente hago de un librito devocional anual, llamado "Pan Diario". El caso es que me pareció necesario que juntos/as viviéramos esta vivencia.
"Que el mundo está mal", "Que este gobierno no sirve", "Que fulano es malo" "Que mengano no va a cambiar" y otros tantos lemas que se han adoptado por nosotros, títulos que marcan a las personas, los gobiernos y los países.
¿Qué tanto pesimismo tenemos en la sangre? Hasta dónde se nos ha enseñado que nuestro país no sirve? Que tenemos que negar nuestras raíces, familias, amigos para llegar a ser "gente importante". No, me resisto a creer que la contaminación verbal a la que hemos tenido que someternos por años pueda dañar lo bueno y limpio que aún queda en nosotros /as.
El pesimismo se define como: Disposición a ver siempre el lado más desfavorable de las cosas. Varias palabras son sinónimas de este término, por ejemplo: malísimo, abatimiento, desesperanza, consternación, desilusión, desanimo. No quiero creer que queremos quedarnos varados en todo los antes dicho.
Señores/as, podemos hablar, debemos hacerlo. Ahora bien no podemos solo hablar lo malo de lo que tenemos, es que se necesita más que palabras para terminarlo- la contaminación verbal- se acaba con acciones, acciones positivas, que nos comprometan, que nos obliguen a cambiar de mente, que nos empujen a pensar en que "SI SE PUEDE" cambiar esta realidad en el país y en el mundo.
Lo más importante es que nos pongamos en la brecha de Dios y analicemos si él solo mira lo malo de nosotros. Sé que no, su misericordia nos ha alcanzado desde hace muchos años y nunca nos va a dejar, pese a nuestro pesimismo.
La Biblia dice: Efesios 4: 29
"Ninguna palabra corrompida salga de nuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación".
....
